sábado, 23 de abril de 2011

Nunca te dije que me visitabas en sueños


Esta noche, he soñado contigo hasta tres veces. Nunca antes me había pasado con nadie.

La primera vez, eras una fotografía de espaldas. Yo estaba en el cumpleaños de Irene. Surgió la conversación y me dijo que te conocía: “Yo soy amiga de Ana. Si quieres verla, por ahí debo tener fotos suyas”. Con avidez, cogí el álbum y fui recorriendo impaciente las fotografías. Te reconocí por tu pelo rizado. No pude verte la cara pero supe que eras tú. Estabas bailando sevillanas, con ese aire tuyo tan lleno de energía. Me encanta la vitalidad de tus fotos de pequeña. Es el único modo que tengo de estar cerca ahora mismo: en tus fotos, en tu recuerdo...

La segunda vez que te vi en mis sueños eras una conversación en la que querías hacerme daño. Decías que todo había acabado, que ya no era nada en tu vida... La tercera vez, viniste a despertarme con un beso de buenos días, y me dijiste: "Ten un buen día, trochito".

sábado, 9 de abril de 2011

Una pregunta incómoda


- ¿Tú me quieres?
- ¿A qué viene esa pregunta ahora?
- No sé -me defiendo- Es una pregunta como otra cualquiera, supongo.

Hay un silencio largo e incómodo. Estamos sentados en la playa, mirando hacia la orilla. El mar está tranquilo. Frente a nosotros, un niño hace un castillo de arena.

Marta se sube las gafas de sol y las coloca sobre su cabeza:

- Tengo calor. Voy a darme un baño.

martes, 15 de marzo de 2011

Nunca te dije que nuestro amor era melodía


Las canciones existen para que los torpes sepamos ordenar nuestros sentimientos. Y sirven, por ejemplo, para que la desolación no se sienta desamparada.

Una canción es como el abrigo que te presta un desconocido en una gélida tarde de noviembre. Y es también una ráfaga de viento que zarandea tu cuerpo hasta evocar el recuerdo de quienes han desaparecido.

Una canción existe para alimentar el fuego de las ilusiones y para ayudar a los cobardes a identificar en ese contigo, ese sin ti tan amargo del que hablaba Sabina.

Pero todas las canciones terminan. Como terminó nuestro amor. Y lo peor del amor cuando termina es cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.


Inspirado en Cerrado por Derribo y Puntos Suspensivos (Joaquín Sabina).

sábado, 5 de marzo de 2011

Existencia II


Ya no estás en este abrazo. Es fácil ver que tus ojos ya no me miran a mí. Cuando te aprieto entre mis manos o acaricio tu rostro, noto que tu mirada está en otro lugar, con otra persona. Viajas a un lugar que no conoces pero que quieres explorar. Mi única ventaja en este juego es tu miedo. Mi enemigo es tu corazón.

No sé dónde estoy ni a dónde miro. No sé por qué quiero explorar otros lugares, ni si podré adentrarme en ellos. Mi miedo es desearlo y no poder hacerlo. Y temo también el tiempo. Pero en este camino no tengo más enemigo que yo mismo y mis sentimientos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Nunca te dije que hay cosas imborrables



- La vida es como una pizarra en blanco sobre la que solo puedes escribir con rotulador permanente. Siempre hay cosas que te gustaría borrar pero es imposible.
- Bueno, puedes escribir encima...
- No, no... Ya te dije que es imposible. Si escribes encima, quedarán huellas.
- ¿Huellas? -pregunto sorprendido.
- Sí... huellas para recordarte que has tratado de borrar lo que ya estaba escrito -me explica- Es como si tratases de quitar una mancha muy resistente con el producto equivocado. Es probable que acabes esparciendo la mancha y que acabe difuminada. ¿Sabes a lo que me refiero?


Escrito el 12/febrero/2011.
Inspirado en "La vida te lleva por caminos raros", de Quique González.

sábado, 29 de enero de 2011

Nunca te dije que me gusta la guerra


Imagen. Desolación. Javier Lorente.

Amanece en la Galaxia. Todo está desolado. Hay cadáveres por los suelos. Puedo ver la silueta de los muertos a través de la luz azulada. Hace frío. Me cuesta respirar. He sobrevivido a la contienda y ahora pienso en lo que sucedió anoche. En las bombas, en el tiroteo... El silencio que me rodea es insoportable. Prefiero la lucha, el grito desesperado de quien se aferra a la vida, el sonido de las bayonetas cuando descargan su pólvora y la mirada cargada de adrenalina de los contendientes. Prefiero oír todo eso. Prefiero el fragor de la batalla a escuchar los vestigios de tu muerte.

viernes, 28 de enero de 2011

Cuando escribo



Si tuviese que invertir mi dinero, lo invertiría a plazo fijo en tus caderas.

Me han pedido que escriba algo, pero no voy a hacerlo. Porque a mí se me da bien cuando me inspira la melancolía. Cuando veo la rabia de los perdedores y la mirada frustrada del fracasado. Ahora mismo, no veo eso. Ahora mismo sólo conozco la felicidad.