sábado, 9 de julio de 2011
Nunca te dije que vivía en una madeja
sábado, 11 de junio de 2011
Nunca te dije que me marchitaba
Hablabas de un amor para toda la vida, como si esas inocentes palabras no implicasen la necesidad de comprometerse. Pues bien, tengo algo importante que decirte: Yo no quiero ser la persona que esté ahí para siempre. Ahora mismo, no siento la necesidad de consolarte, ni de hacerte reír. Tampoco tengo ganas de escucharte. No puedo simular que tus vivencias me interesan. No estoy dolido. No estoy molesto. Sencillamente, no me apetece...
Y, quizás lo más importante (también lo más triste): dudo de que vuelva a apetecerme de nuevo.
sábado, 23 de abril de 2011
Nunca te dije que me visitabas en sueños
Esta noche, he soñado contigo hasta tres veces. Nunca antes me había pasado con nadie.
La primera vez, eras una fotografía de espaldas. Yo estaba en el cumpleaños de Irene. Surgió la conversación y me dijo que te conocía: “Yo soy amiga de Ana. Si quieres verla, por ahí debo tener fotos suyas”. Con avidez, cogí el álbum y fui recorriendo impaciente las fotografías. Te reconocí por tu pelo rizado. No pude verte la cara pero supe que eras tú. Estabas bailando sevillanas, con ese aire tuyo tan lleno de energía. Me encanta la vitalidad de tus fotos de pequeña. Es el único modo que tengo de estar cerca ahora mismo: en tus fotos, en tu recuerdo...
La segunda vez que te vi en mis sueños eras una conversación en la que querías hacerme daño. Decías que todo había acabado, que ya no era nada en tu vida... La tercera vez, viniste a despertarme con un beso de buenos días, y me dijiste: "Ten un buen día, trochito".
sábado, 9 de abril de 2011
Una pregunta incómoda
martes, 15 de marzo de 2011
Nunca te dije que nuestro amor era melodía
Las canciones existen para que los torpes sepamos ordenar nuestros sentimientos. Y sirven, por ejemplo, para que la desolación no se sienta desamparada.
Una canción es como el abrigo que te presta un desconocido en una gélida tarde de noviembre. Y es también una ráfaga de viento que zarandea tu cuerpo hasta evocar el recuerdo de quienes han desaparecido.
Una canción existe para alimentar el fuego de las ilusiones y para ayudar a los cobardes a identificar en ese contigo, ese sin ti tan amargo del que hablaba Sabina.
Pero todas las canciones terminan. Como terminó nuestro amor. Y lo peor del amor cuando termina es cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.
Inspirado en Cerrado por Derribo y Puntos Suspensivos (Joaquín Sabina).
