viernes, 16 de septiembre de 2011

Las Tablas de la Ley



Antes de acostarme, quisiera aclarar algo: para solucionar las cosas, algunas leyes naturales deberían cambiar: 

1) El reconocimiento de una acción no conlleva la aceptación del interesado. 

2) La comunicación de un hecho no sirve para borrar el daño. 

3) Manifestar la culpa, no es sinónimo de Expiación. 

4) Compartir tu felicidad no supone transmitirla.

Esos cuatro mandamientos deberían formar parte de las tablas de la ley. Para muchos, no tendrían sentido. Otros argumentarían que simplemente no los entienden. No me sorprendería esa actitud de rechazo. Al fin y al cabo, carece de comprensión quien carece de empatía.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Una pequeña carta


Hola pequeño,

He leído tu nota y me he acordado de una canción adorable de Serrat, especialmente apropiada para esos momentos en que uno decide pararse a reflexionar sobre su dicha. Muchas veces resulta conveniente tomarse un respiro y recapacitar sobre lo que nos acontece. También es importante (y a veces inevitable) desistir en el intento por racionalizarlo todo. Reconozco que entonces la mejor alternativa es alabar a Tyche y dejar que nuestro mundo se postre a los pies de la diosa fortuna.

Sin pretenderlo y por casualidad. Eso dices. Puede que lleves razón. Pero no hay que sobredimensionar algunas cosas. Es cierto que el azar es caprichoso, que lo casual forma parte de la vida; pero no es menos cierto que el azar hay que buscarlo. Uno debe  acumular méritos para que la rueda del “determinismo complejo” funcione del modo apropiado. Excepto extraños acontecimientos, como el de nuestro amigo Cristóbal, podría decir que solo quien sabe hacia dónde se dirige consigue llegar al lugar idóneo.

Y yo creo que lo que lo has logrado. Ítaca está aún lejos, pero tú supiste cambiar el rumbo. Abandonaste una espiral gobernada por la melancolía que subyace en lo que no pudo ser, y ahora vives ilusionado, mirando hacia el lugar donde todo ocurre una hora más tarde. 

Creo que debes sentirse afortunado por ello. Que debes disfrutar de la felicidad que mereces. 


Desde la distancia, yo me siento afortunado.

Un fuerte abrazo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Se acerca el invierno

El sempiterno verano llega a su fin. El sol se oculta temeroso tras el horizonte, dejando un panorama de  aparente calma. El estío ha sido duro en la Galaxia. Los supervivientes, hastiados por la lucha, evitan ahora pasear junto a los campos de minas. Pero saben que es inútil. Todos terminarán sucumbiendo a la muerte aunque ahora prefieren  ignorarlo.

Al pie del malecón, junto al barro, una joven sonríe feliz por haber sobrevivido. Cumplió su sueño desde hacía años. Ella cree que la vida le ha regalado cosas y, mirado al cielo, se muestra agradecida. Sabe que todo transcurre despacio en la Galaxia, pero está dispuesta a esperar. "La vida está hecha para las personas como ellas que luchan por aquello que desean.", dice el capitán, que observa atento la escena desde la torre de control.

El contraste a esta imagen lo ofrece una niña pequeña, que corretea con lágrimas en los ojos junto a la orilla de la playa. La pequeña está sola, lejos de su hogar. En su mirada se entremezclan la ilusión y la inseguridad. Sabe que sus padres han cambiado y que se aleja de sus miedos para seguir sobreviviendo. Ella prefiere estas lágrimas a la estela del fracaso. "Una actitud encomiable.", confirma el capitán, que deja los prismáticos en el suelo y recoge el petate. 

"Aquí no hay más que hacer y es hora de marcharme", sentencia. Luego me mira y me dice que "el año que viene, será un verano distinto pero hasta entonces hay mucho que hacer". Concluye entonces su discurso mirando hacia otro lado, y deja en el aire una frase que ya he oído en una serie de televisión: 

"Se acerca el invierno"

miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿Por qué escribo este blog?

Parafraseando a David Trueba podría decir que la sinceridad "está sobrevalorada, como los estudios universitarios y las pollas grandes". 

Yo creo que mentir es necesario. Es más: mentirse a uno mismo es necesario. Forma parte de la naturaleza humana. Del instinto de supervivencia. Uno no puede ir a su jefe y decirle que es un hijo de puta. Como tampoco puede uno ir por ahí  diciendo que le gusta mirar a las chicas en falda o las manos de las mujeres, para masturbarse luego pensando en ellas. 

Todos ocultamos algo. Todos tenemos algo que silenciar y todos nos engañamos de un modo u otro. Solo que a veces nos volvemos estúpidos de repente y nos da por hablar de Kant y todo el rollo ese de la moral y de lo que está bien hecho. Cuando ese espíritu nos invade, no es necesario mentir. Basta con guardar silencio, que es el la mentira socialmente aceptada. 

Por eso hubo cosas que nunca te dije. Y por eso creé este blog. Porque muchas veces callo lo que temo, pero casi siempre callo lo que deseo. 

viernes, 2 de septiembre de 2011

Nunca te dije que atravesamos fronteras (II)

Durante el embarque me dedico a mirar al resto de pasajeros. Hoy la mayoría de ellos parecen asqueados. Lo delatan sus ojos tristes, cansados de bregar con su día a día. Supongo que muchos podrían ser felices si supiesen cómo hacerlo. Los gurús que escriben en las revistas de los aeropuertos afirman que para ser feliz  solo basta con pretenderlo. Yo no les creo. Sé que la mayoría de los expertos mienten. Al final todo es cuestión de azar.

El azar cimienta el deseo y precipita la caída de imperios. Es así de sencillo. Muchas veces no puede seguirse una secuencia lógica para argumentar lo que acontece. Ocurren cosas inexplicables. Pero son cosas que están ahí. Que estarán siempre.

En esas cosas que acontecen por azar descubres la felicidad.

lunes, 29 de agosto de 2011

La Perla

Su piel está marcada con tu recuerdo. Su cabeza sigue siendo un enigma. Solo Kino encuentra perlas en medio del frío y desolado océano. Su mar me está vedado.

La última página de vuestra historia ha sido arrancada. El libro que nunca escribisteis ya no tiene páginas en blanco. Forman parte de tu nueva novela. Encontraste una nueva perla, a la que regalas ahora tus versos.

Ahora, ambos sois felices y lo ignoráis.

jueves, 25 de agosto de 2011

Nunca te dije que me casaría contigo

Son las 4 de la madrugada. Marcela y yo estamos sentados en el césped, húmedo por la caída del rocío. Tenemos la mirada fijada al frente, donde se despliega un frondoso bosque que invita a perderse en él. Camino a la reserva natural en la que nos encontramos ahora, hemos visto algunos ciervos y águilas. Ahora,  la noche hace imposible distinguir nada alrededor excepto las luces de la carpa donde los novios bailan con los invitados a la boda. Desde nuestra posición llega amortiguado el sonido de la banda que ameniza la velada. Los acordes de los músicos se entremezcla con el chirriar de los grillos y el ulular de algún búho, que probablemente nos observa desde el bosque.


- ¿Y vos, cuándo te casás? -me pregunta Marcela, inocente. La pregunta no es trivial. Acabo de confesarle que este año la he echado de menos en un par de ocasiones. Se mudó a otra ciudad y ahora, cuando llegan los conciertos, no tengo nadie con quien ir. Ella ha sonreído y entonces me ha preguntado por mi boda.
- Pues está la cosa difícil -le respondo, evaluando si debo confesarle cómo ha cambiado mi vida en mis últimos meses. Finalmente, el alcohol que recorre mis venas me proporciona la dosis de valentía necesaria para lanzarme- Las cosas son más difíciles de lo que parecen. Hace algún tiempo que lo dejé con Cris porque sentía que ya no estaba enamorado de ella y ahora no tengo pareja... 

Parece impresionada por mi respuesta, pero lo disimula bien:
- No sé qué pasó pero estoy segura de que no tendrás problemas en encontrar a otra persona -Me río, nervioso, antes de que ella me lance su aguijón envenenado.- Yo creo que vos podrías estar con quien quisieras. Si todos los hombres fuesen así, las mujeres se pondrían en cola para casarse con vos. Lo digo en serio. Sos realmente encantador: sensible, tierno, atento, inteligente, tenés buen sentido del humor... 
- Para ya, por favor -le digo. Y dejo que el silencio entre ambos haga las veces de sincero agradecimiento. 

Noto entonces la presencia de Aitor, que llega hasta nosotros con con un martini en la mano. 
- ¡Hey, chicos! -nos grita- ¡Vamos a bailar con la novia! ¡Que no decaiga la fiesta!