jueves, 25 de agosto de 2011
Nunca te dije que me casaría contigo
lunes, 22 de agosto de 2011
Nunca te dije que atravesamos fronteras (I)
viernes, 19 de agosto de 2011
El mapa
- La verdad es que lo haces bien -dice cumplidor- No eres un fail como yo, que me pasé el viaje de novios con Elena mirando el mapa de París cada 3 minutos de reloj. Tú al menos sabes adónde vamos y tienes controlado todo. Me gusta. Eres un win.
martes, 9 de agosto de 2011
Una carta enferma
Curva
Voy conduciendo la CBR 600 negra que me compré la semana pasada. El velocímetro marca 180 kilómetros por hora y la carretera está despejada. Es verano y hace calor. Los cuerpos de miles de personas se tuestan al sol, a los pies del sendero por el que transcurre la carretera. Me detengo a observar un segundo a todas esas personas, deseosas de broncear su cuerpo. ¿Por qué a mí nunca me ha preocupado mi cuerpo? , me pregunto por un instante. Y justo después acelero de nuevo. Conduzco sin rumbo fijo, tratando de olvidar. 200 Kilómetros por hora. El sonido que escupe el tubo de escape libera mi mente. El olor de la gasolina anestesia mi ímpetu. ¿Y si en la próxima curva encontrase una mancha de aceite y todo acabase de repente?
domingo, 24 de julio de 2011
Equilibrio

Necesitamos tiempo para olvidar lo que nunca fue ni sucedió, lo que no aconteció jamás por miedo o indecisión, aunque hubiésemos sido azotados virulentamente por el deseo, que nos incitaba implacable hacia un abismo desconocido, hacia un precipicio seductor con visión liberadora. Porque mirar al vacío e interpelarse sobre la posibilidad de dar un paso más, supone trascender a lo transcendental, supone cuestionar lo aprendido e infravalorar el peso del deber, caprichoso dirigente de nuestros pasos.
Cuando se está en el umbral del Infierno, se experimenta la tentación de dejarse llevar. Se apuesta por el triunfo de la desidia, que nos abraza y nos arropa entre sus pechos, para posarnos más tarde en el fango de lo prohibido, al que vamos sucumbiendo sin oposición, dejando que la tierra nos aliente a hundirnos mientras nos susurra frases de conmiseración –no sólo de pan vive el hombre-, fases que nos animan a perder la vida -la única que tenemos, la única que probablemente tendremos y ante la que jamás podremos sublevarnos.
El recuerdo de lo vivido, de lo experimentado, desaparece y se diluye con celeridad pero permanece el recuerdo de lo nunca llevado a cabo, de lo mil veces deseado y nunca satisfecho. Es un recuerdo que martillea y percute la mente, hasta que al final, cuando se hace balance de lo arriesgado, la balanza se inclina sin dilaciones hacia el lado de nunca-vivido.


