sábado, 11 de febrero de 2012

Come as you are

Cuando tenía 16 años, escuché durante un tiempo a Nirvana. Era un grupo que molaba entre mis compañeros de clase. Supongo que por eso decidí escucharlo. Por aceptación social. Aunque el tiempo anestesió el capricho, y el gusto por Nirvana apenas me duró un par de semanas. Luego fui definiendo más mis preferencias musicales y dejé de escuchar música en inglés. Escuchaba solo lo que me apetecía.  Era una época en la que me la traía al pairo la opinión de los demás. 

El comienzo de "Come as you are" es de los más conocidos y reconocibles que recuerdo de esa época, mientras esperaba el autobús en la puerta del colegio. De hecho, ese comienzo de guitarra es de los pocos punteos que aprendí cuando me puse en la tarea, junto al "Entre dos aguas" de Paco de Lucía (mi nivel de guitarra es lamentable, todo sea dicho).

Ayer, que tuve un día jodido y terminé discutiendo con quien para mi es una de las personas más importantes de mi vida, encontré durante el día canciones que me hablaban de querer a los demás como son. Escuché un Ole que me llegó al alma sin yo notarlo... y escuché de nuevo a Nirvana, una vez en el aeropuerto, mientras embarcaba. Y cuando imaginé la voz rota de Kurt y su pelo desordenado, recordé un ranking donde ahora no estaría Lobezno sino Mr. Transporter Víctor. Y recordé un beso de aterrizaje y un par de manos preciosas que me gustaría que recorriesen mi espalda, que es una de las partes de mi cuerpo que a mí más gusta... 

Y cuando lo pensé mientras volaba, sentía que "Come as you" are es un texto lleno de contradicciones... Es un ven "como amigo y a tu ritmo", pero al mismo tiempo es "ven ya que te necesito"...  Es un "corre, la decisión es tuya, pero no tardes"... 

Es una canción que me encantó volver a escuchar después de tantos años... 




viernes, 10 de febrero de 2012

Total, pa' qué...

A veces alguien debería explicarme de qué va la vida porque no la entiendo. Y ya no es que me incomode la situación. Es que me empieza a frustrarme. Porque cuando crees que todo es sencillo, llega alguien y lo transforma todo. Llega alguien y te pide un poco más. Tú crees que no debes darlo. Sientes que no es tu cometido ir más allá. Pero al final lo haces y te sientes otra vez derrotado. Así es el mundo. Se supone que los años sirven para acumular derrotas. Y yo ya acumulo demasiadas a pesar de la juventud. En días como hoy (que nada sale a derechas) te entran ganas de gritarle al mundo: "QUE OS FOLLEN A TODOS". Te entran ganas de gritar con la poca voz que aún te queda. Para demostrar a quién coño sea que aún te queda algo de espíritu y de dignidad. Que aún te valoras a ti mismo... Y te jode que todo salga tan putamente mal que hasta las cosas que más a gusto te hacían sentir se tambaleen... En días de amaneceres sin sol y de tardes con donuts sin chocolate solo te entran ganas de desaparecer. Pero entonces piensas: total, pa' qué....

jueves, 9 de febrero de 2012

Van tres...

Una de las cosas que uno percibe cuando se ausenta, es que puede retirarse del mundo sin problemas. Porque en el fondo, uno no es tan importante. Es así. Tú te vas pero las cosas siguen yendo bien sin ti. Mafalda pedía que parasen el mundo para bajarse. Pero lo cierto es que el mundo no va a parar. Va a seguir girando sin ti. Y lo digo como algo positivo, ¿eh? De hecho, considero que descubrir esa cruel realidad solivianta, pero al mismo tiempo alivia y aligera el espíritu.

Es como si se nos otorgase el presente de la tranquilidad espiritual. Porque creo que veces nos agobiamos pensando que tenemos que sacar las cosas pa'lante por nosotros mismos. Nos sobrecargamos de trabajo. Tomamos más responsabilidades de las que nos corresponden. Y es bueno darse cuenta de que podemos también disfrutar de la vida sin que nadie nos exija nada. Desapareceremos. La gente nos echará de menos (quizás). Pero nuestra ausencia (y el hecho de que el mundo siga corriendo impasible) debe enseñarnos que podemos (y debemos) tomarnos nuestro kit-kat vital.   

En realidad no sé si me he explicado. Porque me cuesta hablar de la ausencia y del abandono como algo positivo (en mi vida, estos momentos siempre han llevado aparejados cierta melancolía y frustración ligada al desamor y la promesa de usar ese tiempo de barbecho y lejanía para ordenar sentimientos). Pero no siempre ha de ser así. Por eso me alegra saber que estás disfrutando de la vida en este retiro y que vives feliz en ese tiempo para ti. Disfrútalo, porque nadie te exigirá nada por estos momentos que disfrutas en soledad. Es de las pocas veces en la vida en que nadie recriminará cosas, supongo.

Y lo que más me alegra es saber que ya llevas tres sesiones de quimio. Y que sigues con ganas de luchar, aunque ya no te quede una melena que peinar por las mañanas. Mucho ánimo con las sesiones que te quedan, que seguro van a ir tan bien como las anteriores. Y sigue aprendiendo de la experiencia.

Un beso enorme.

Foto: http://photo-day-krmnguillen.blogspot.com/

martes, 7 de febrero de 2012

Aprende a obsequiar a quien está a tu lado (o de cómo un tío gracioso puede querer besarte...)

Eres el tío más gracioso que he conocido nunca –me dice, mientras se seca las lágrimas que han brotado en su rostro consecuencia de las carcajadas.
Pues joder, has debido conocer a muy pocos hombres para decir eso, ¿eh?
No, idiota –me corrige y vuelve a reír- He conocido a muchos tíos… Quizás demasiado. Y todos eran graciosos al principio, ¿eh? Pero acaban volviéndose idiotas.
Como yo, joder. ¿No me acabas de decir idiota?
Jajajaja. Por favor… Sabes a lo que me refiero, jajaja.
Lo sé, tonta –le digo, antes de pasar a la defensiva- No sé… soy así. La verdad es que no trato de ser gracioso ni simpático...
Bueno, a eso me refiero exactamente. Hace tiempo que te conozco y nunca te he visto enfadado con nadie. Siempre que te he visto discutir con alguien, ha sido por tonterías y has procurado solucionarlo rápidamente. Y cuando algo te ha agobiado, has procurado que no se te note. No has contagiado tus malos rollos a nadie. Ni en el curro ni en tu familia... Y has sabido capear malos temporales y salir de situaciones muy jodidas… no sé… creo que  eres un tío de puta madre. De esos que merecen la pena.
Gracias, mujer –le agradezco sincero- Pero tampoco es para tanto. Supongo que es mi forma de ser. Yo tengo mis cosas que tú crees que son buenas, como el optimismo y el sentido del humor del que hablas… pero tampoco tiene que ser bueno eso, no sé… Al final, cada uno tiene sus cosas malas también… Y yo las tengo. Muchas cosas malas... No todos podemos ser iguales.
Está claro –conviene- Pero yo te conozco... bueno, empiezo a conocerte poco a poco... y conforme pasa el tiempo empiezo a pensar que detrás de ese tipo despistado y sonriente, con aires perdidos y gustos sencillos, hay alguien que merece mucho la pena. Y cada ve estoy más convencida de eso… Cuando te miro esforzándote por hacerme reír, o cuando me cuentas esas cosas que te ocurren cada día con esa naturalidad... pienso que debería buscar un hombre como tú. Porque estoy harta de idiotas, ¿sabes?. Estoy cansada de guapetes creídos que piensan que dominarán el mundo y luego no saben tratar a una chica como merece más allá de una noche… Estoy cansada de cretinos…
No has tenido suerte -apunto- Simplemente eso...
No, no. No es eso. No te equivoques. No es cuestión de suerte ¿eh?... Porque te tengo a ti.
¿Qué quieres decir? –pregunto desconcertado.
Si todo fuese cuestión de suerte, o de mala suerte como dices, yo sería un alma perdida y sin rumbo. Estaría rodeada de gente idiota y metida en un pozo del que no podrá salir nunca, bañada en melancolía… Pero no es así… Tengo gente mi alrededor que vale mucho y estoy en general satisfecha con mi vida y con las cosas que hago. Digamos que no es cuestión de suerte.
Aha -confirmo.
Creo que la explicación es más sencilla que todo eso de la suerte. Simplemente, no he sabido escoger bien. ¿Sabes lo que quiero decir? No es solo que me haya topado con idiotas o con tipos que me han hecho mucho daño. El problema es que he dado de lado a la gente que merecia la pena y estaba en mi vida desde siempre, sin yo saberlo. O sin valorarlo mucho. Gente que aguantaba como era. Gente que me esperaría cada noche en casa con el mejor abrazo y me calentaría una sopa mientras le cuento cómo ha sido mi dia de mierda. He dado de lado a gente que me aportará cosas en mi vida... Gente como tú…Y empiezo a darme cuenta ahora... que voy sintiendo que a tu lado me siento protegida...
No sé qué decir.
No digas nada y bésame. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Madrugadas en blanco

La mano que viaja entre las sábanas es mi mano, que bucea hasta abrupto pijama. Mi mano, que atraviesa sin prisa la lycra. Una lycra que apacigua mis ganas. Pero no calma el deseo que habita en mi alma... La mano que atrapa el tormento es mi mano, que acaricia por el fin el deseo. El deseo que crece con ganas...

... Y mi mente imagina que eres tú quien me toca. Proyectando tu mano en mi mano... 

... Y es tu boca, que explora mi cuerpo. Tus dedos, que rozan mis labios. Tu mano, que agarra con fuerza mi sexo. Tu pelo que cae por tus hombros. Mi lengua, que toca tus pechos. Mi mano que sube y que baja. Mi sexo que crece y no para. Mi mente imagina tu cuerpo. Tu mano me agarra con fuerza. Tu cara me mira perversa. Tus dientes se muerden los labios. Mi mano se aferra a tus senos. Tus ojos me dicen que siga. Mi mano recorre tu cuerpo. Mi mano acaricia tu sexo. Más fuerte, más fuerte, me gritas. Ordeno y prosigo sin pausa. Tu boca que ahuyenta un rugido. El aire que atrapa el sonido. Tu mano, me agarra y no para...

... Así son todas mis madrugadas. Repletas de sexo y deseo. Repletas de versos que anhelo. Mi mano: mojada en tu orgasmo. Tu mano: cubierta de blanco. 

jueves, 2 de febrero de 2012

Gracias

Gracias. Por entregarme gestos a diario de amor incondicional. Por estar ahí, aguantándolo todo lo que yo pueda decirte. Por entender mis tiempos y conocerme. Por simular indiferencia, cuando de veras sientes rabia e impotencia. Gracias por abrazarme cada noche. Por apretarme fuerte y acurrucarme en tu pecho. Por hacerme sentir torpe e inútil. Gracias por controlar tu rabia. Y por demostrarme que yo jamás podré devolver ni la vigésima parte de lo que recibo. Gracias por las ganas que retienes para no desalentarme.  Por los mensajes que no espero. Gracias por los besos que me entregas. Por los labios que recorren mi cuerpo. Por los masajes con que anestesias el cansancio de mi cuerpo. Por el oasis de tu charla. Gracias por el orgasmo que me provocas. Por el roce de tus pechos. Por tu cara de placer cuando te penetro. Gracias por quererme como nunca nadie antes me ha querido. Gracias. 

El día de la marmota

Llega la noche y con ella la oscuridad. Las sábanas frías te recuerdan la derrota de un nuevo día. Te dices que mañana será todo distinto. Que no volverán a repetirse los mismos errores de hoy, ni la misma secuencia de acontecimientos. Y apagas la luz de la mesita de noche deseando que algo –no sabes qué ni cómo- cambie de repente. Craso error el de confiar tu vigilia a la esperanza. La madrugada no entiende de ruegos ni de súplicas. El nuevo día se cuela por la ventana y suena de nuevo esa melodía en la radio. Buenos días, excursionistas, dice el presentador optimista. Y tú quieres morirte. Despertar de esa pesadilla que es estar atrapado en el tiempo. 

Pero no hay modo de salir de este encierro. En un acto de desesperación le confiesas a ella lo que te ocurre. Pero no importa nada. Porque al final ella lo olvidará todo. Y no importa lo que hagas. Nadie sabrá nunca que el día es el mismo, repetido. Tu único reto es ser mejor persona. 

¿Será largo el invierno? Escuchemos lo que dice la marmota...