martes, 13 de diciembre de 2011

Definición

En medio de un extraño periodo de indefinición e incertidumbre, llega alguien y te define:

Tienes un gran sentido del humor. Me gusta mucho eso. Porque siempre te preocupas por hacer sonreír a los demás. Quieres que olviden sus problemas por un momento. Que la vida sea más llevadera para ellos. Quieres que disfruten cuando están a tu lado. Y para arrancarles una sonrisa no haces bromas de mal gusto ni ofensivas. No eres como otra gente que conozco que hace coñas sobre defectos físicos o cosas así para provocar la risa fácil. Tú no eres así. Solo sacas punta a las cosas que pasan a tu alrededor. Como si mirases la vida con otros ojos. Y eso te hace especial. Porque ayudas a que los demás relativicen sus problemas y crean que la vida es más sencilla de lo que parece.

También eres atento y romántico. Pero es un romanticismo extraño. No eres de los que invita a una chica a cenar a la luz de las velas o compras rosas para conquistarla. A ti eso te parece demasiado convencional (y me atrevería a decir que incluso te parece cutre). Pero siempre piensas en la otra persona, en el modo de sorprenderla. Y hay que reconocer que tienes tus detalles. Has viajado kilómetros para reencontrarte con la persona amada. Para estar con ella menos de 24 horas. Y aunque la gente crea que eres egoísta y solo te preocupas por ti porque estás lejos de tu casa y vives solo, yo sé que has sacrificado muchas cosas para hacer que otras personas sean felices. Creo que ahí está el romanticismo para ti. En pelear desde el silencio por hacer feliz a la persona que quieres. Sin que note tu presencia y sin necesidad de grandes regalos. Solo pequeños gestos cotidianos. Miles de gestos que pasan desapercibidos para mucha gente, pero no para mí. Yo sé que muchas personas disfrutan de tu compañía y son felices a tu lado, pero luego se alejan y no descubren tu atracción hasta que es demasiado tarde... Yo llevo años sabiendo que ese atractivo tuyo te hace ser especial… como un imán que atrae sólo a las personas que merecen la pena realmente. Y por eso estás rodeado de gente tan encantadora y magnífica. Por eso tus amigos jamás te han traicionado y harán cualquier cosa por ti. Porque adoran cómo eres. Y les gustan incluso tus defectos. Como ese que dices de ser despistado. Eso me encanta también. Porque tú eres serio y la gente dice que eres inteligente y culto. Pero eres tremendamente despistado, tienes fallos y errores y eso te hace humano. Tan humano que a ti te molesta, y te hace sentir impotente porque siempre te crees un superman… ¡es tan bonito verte tan frustrado y humano! 

En fin, que eres la mejor persona que conozco. Y me has sorprendido muchas veces. Por ejemplo, me sorprendió mucho que seas tan ardiente. Que te guste tanto disfrutar del sexo, que pienses siempre en eso… en serio… creo que eso es algo que nadie podría decir de ti viéndote por fuera. Incluso conociéndote como muchos te conocen… eso es algo que sorprende a cualquier mujer... y te hablo del sexo por no hablar de tu temperamento y cabezonería, o de otras muchas cosas que conozco de ti y son ignoradas por la mayoría de la gente… como tu tremendo gusto por la familia, la importancia que tienen para ti tus seres queridos a los que en apariencia ignoras... pero que te hacen sufrir también, incluso cuando crees que no les tratas bien.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Once

El 11-11-11 íbamos a morir. Pero sobrevivimos. Nos salvamos y no sé bien de qué ni por qué. Si hago memoria recuerdo que pasé la semana bromeando. Descubrí mi eneagrama -soy el cinco- y asistí asombrado al veloz transcurrir de las tardes. Elucubraba en qué se gastaría el dinero de una lotería que nunca llegó a tocarme. Y te abracé esquivando la posibilidad de la muerte. Con tu mirada me sentía más vivo que nunca. Esa mirada retraída y temerosa que a veces brilla sin sentido aparente, pero que a veces duda y no se atreve a vencer el temor.

Ahora, que ha pasado un mes desde aquel 11-11-11 puedo afirmar que si al final he de morir, prefiero que me torture esa mirada. Y tu sonrisa.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Rolling in the Deep

Hace años, cuando estuve en Nueva York, tuve por primera vez en la vida una extraña sensación de soledad. Había ido hasta allí por despecho y al final caminaba solo por la zona cero reflexionando sobre la estupidez humana. Quería demostrar tantas cosas a los demás que al final solo aprendí una cosa de mi viaje: necesitaba a los demás. Sin ellos, no soy nadie. El ser humano es un ser social por naturaleza. Y yo, que me vanaglorio de necesitar mi propio espacio, necesito siempre estar rodeado de gente con la que compartir mi vida. Al final es más fácil asumir eso que creerse invencible...

No sé por qué cuento esto. De hecho este post debería ir sin texto. Solo con música. Llevo un par de días que no me apetece escribir nada. Pero hoy me encontré con una canción que usé en el montaje de mi vídeo a Nueva York y cuando la escucho siempre recuerdo el ambiente negro de Harlem. ¿Qué tiene esto que ver con sentirse solo y necesitar a los demás? Probablemente nada. Pero en esa vida, casi nada tiene que ver con nada... o quizás sí... quizás todo esté entrelazado y nunca se pueda separar una cosa de otra... ¿Quién sabe?



Por cierto, en este enlace está la letra de la canción y un intento de traducción que hizo alguien. ¡Ah! Y esta es versión de la canción que vi en el muro de uno de mis contactos de facebook. La verdad es que esta versión también mola mucho pero creo que me quedo con la original :)


martes, 6 de diciembre de 2011

Nunca te dije que el marrón es el color del otoño

Hojas secas en el suelo. Una patada al aire para expresar la rabia. Y las hojas que vuelan... Suben a un cielo gris y macilento. El mundo pierde color en tu ausencia. El azul está solo en tus manos, que sostengo entre las mías. Caricias, caricias, caricias. Envés que toca la palma. Palma que roza el envés. El amor huele como un trozo de pan recién horneado. Pan de leña cocido a fuego lento. En la mesa, a mi lado, hay migajas de ese pan por todos lados. Y pienso que nada importa. El pan no es más que trigo molido, que alimenta después de haber sufrido el calor de la leña. La leña es marrón, como el otoño. Como tus ojos, que hace poco me miraban y reflejaban el brillo y la verdad. Me gustan tus ojos porque me vuelven transparente. Dejé de ser opaco cuando tu alma comenzó a rasgarme por dentro. Ya no existen muros marrones. Solo hojas secas que crujen con mis pisadas. Solo pan que es trigo molido y me alimenta. Y en la mesa hay también un vaso con agua. Y pienso que el cristal no es débil. Es sólo un material delicado que sostengo, con cuidado, entre mis manos. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

Nunca te dije que nunca hay que acostarse guardando algo

Es cerca de la 1 de la madrugada. No me apetece hablar de lo que ha sucedido. Me gustaría dormir y conciliar el sueño con facilidad. A veces pido imposibles. Como que estuvieses ahora a mi lado. Para acurrucarnos y darnos calor. Para mirarnos a los ojos y descubrir en ellos la verdad. Ahora ellos tendrían el protagonismo. Las palabras ya fueron dichas. Y no se guardaron en nuestro interior. No se quedaron corroyendo nuestras entrañas. Salieron, haciéndonos daño. Pero están fuera. Y no sé si hablar y no callar es lo correcto... Una vez me dijeron, que nunca hay que acostarse guardándose algo... 

She has done the deed: Cinco Actos

- PRELUDIO (por Nacho Artacho) - 

No vuelve el agua a la noria / ni el viento vuelve al molino
No entiendo por qué yo siempre / tengo que volver contigo

- ACTO I - 

La promesa incumplida (una vez más) nos recuerda la proximidad de la muerte. Se vence a la duda pero no se gana en seguridad ni confianza. La derrota del pasado, la ausencia de incertidumbre, son meros espejismos. Nuevas mentiras que sumar a una lista interminable de fracasos. 

En escena, irrumpe de nuevo la sempiterna duda. La segunda oportunidad (mil veces concedida) reabre las puertas de las esperanzas vanas. Resuenan los "te quiero". Y besos de azúcar acompañan el añejo sabor de un "siempre te eché de menos". 

Nota. Este primer acto se cimienta en un craso error: el convencimiento de que no habrá más ausencias. La seguridad de que no volverán a reflejarse en su rostro la quietud ni la melancolía. 

- ACTO II -

Perplejidad al otro lado de la galaxia. Mejor guardar silencio. Mejor evitar miradas y esquivar el contacto visual directo. Está prohibido rememorar el pasado. Nada de mencionar los tristes recuerdos que ahogaron vuestras almas. Debería haber muerto, en el fondo del río. La estela de Robert Walser está en el horizonte. Todo está nevado. El paisaje es blanco como mi corazón. Desaparecer es siempre una opción. Explicar lo que se siente (y sentirse culpable e incomprendido) es el modo más rápido de morir, de ser tachado y juzgado vilmente por egoísta.

- ACTO III -

Los sentimientos hechos ceniza. Un ave que sobrevuela el paisaje. Se siente libre, sin ataduras. Lo intenta, lo intenta, lo intenta. Y al final lo logra. Pero todo resulta en vano. ¿Para qué rescatarte del naufragio si te gusta ir a la deriva? Te engañas, te engañas, te engañas. ¿Cómo quieres que te lo diga? Hacerlo con palabras solo servirá para enmarañar más las cosas. ¿He de sentarme acaso en el sillón de los acusados? Si lo hago, conozco cuál será el veredicto: condenado a muerte por egoísmo. Mi única defensa sería hacerte entender que el egoísmo fue la única salida que tuve tras haberte amado demasiado. Esperad. El verdugo tiene derecho a una última voluntad. Que hable pues.

Él solo pronuncia una frase: "Hay tantas cosas que nunca le dije..."

Después, bebe su cicuta.

- ACTO IV -

La felicidad mal encauzada. La duda resuelta. Y el vacío, de nuevo. Otro paso hacia el abismo. Otro comentario intrascendente con el que arrancar una sonrisa de su rostro. Otra madrugada disoluta para hacerle feliz. Otro gesto en vano. She has done the deed. Ha hecho el hecho. Arrancó un trozo de tu alma para entregársela a otra persona. Esa fue su enésima bofetada. Otro de esos golpes que empiezo a encajar con normalidad.

Ahora todos seremos felices. Aunque morir sea mi felicidad. Porque quienes mueran (como yo) encontrarán consuelo en el vacío. Guardar silencio. No he querido saber pero he sabido. Una nueva muerte que sumar a la lista de los despropósitos. Un nuevo puñal que sacar de un corazón maltrecho. El disimulado velo de la inocencia. Lo hice por ti. Sabes que te quiero. 


- ACTO V -

Fotografías. Canciones. Sonidos de una vida. Palabras, palabras, palabras. Elementos subversivos que llevaré a mi tumba. Dos manos frías escriben este texto. Es la proximidad de la muerte. Que me entierren con tu olvido. Nada fue real. Tus caricias fueron sucedáneos de un amor reciclado. Nunca has sabido quererme. Ni siquiera mereces estos versos. Pero te los regalo, para que seas feliz. Hice cuanto estuvo en mi mano. Pero querer no basta. La vida debe continuar.

- EPILOGO -

Y mientras tanto el derrumbe de mi alma. La caída de un muro en ruinas que ya apenas se sostiene...

sábado, 3 de diciembre de 2011

Una duda sutil

Veo tu cara. El brillo de tus ojos. Tus sonrisa disimulada. Y no sé si ese maquillaje que cubre tu rostro te sienta  bien o si a mí me sienta mal tu ausencia...